
Antes de dar paso a los desfiles de alta costura, y a esa estupenda colección de John Galliano para Christian Dior que me ha dejado embelesado; quiero dedicar un post a los desfiles masculinos de París.
Si lo que primaba en las propuestas de Milán eran las prendas más correctas y convencionales, en la capital gala resulta todo lo contrario, habiendo una gran fascinación por la vanguardia y la renovación masculina.

El mercado del hombre ha crecido con fuerza durante los últimos años debido al carácter más fiel de sus clientes, así las marcas se involucran más por tener una trayectoria estilística menos dispar temporada tras temporada.
De esa forma Balenciaga resulta ser aquella firma para los más remozados, y sus chaquetas casi arquitectónicas son el ejemplo más claro de ello. Algo parecido a lo que sucede en Dior Homme, quienes tras la ausencia de Hedi Slimane parecen no encontrar el rumbo, o la fuerza visual que desprenden cualquiera de los pases de Givenchy.

Dentro de ese grupo de transgresión y modernidad no podemos olvidar a Raf Simons, quien en esta colección para su propia firma se ha apropiado de una silueta claramente femenina. Al igual que en Alexis Mabille cuyos modelos parecían ninfas coladas en el jardín del Edén o en Yves Saint Laurent donde el marcado talle en la cintura se ha impuesto en todas las prendas.

Las propuestas masculinas de la casa Lanvin son unas de las más esperadas cada año, el tándem formado por Alber Elbaz y Lucas Ossendrijver se ha convertido en algo ya casi mítico. Aunque en esta ocasión no ha llegado a convencerme del todo, creo que hay un exceso de pretensión acumulada en las prendas, ese look tan oscuro y agresivo se les escapa un poco.

Aunque hay que decir que no todo ha sonado a transgresión en París sino basta con echar una ojeada a la relajada y sofisticada colección de Véronique Nichanian para Hermés, la mezcla de culturas entre la francesa y la japonesa ideado por Antonio Marras para Kenzo o los siempre impolutos trajes de Thom Browne.
Un saludo a todos.

